domingo, 15 de abril de 2012

De cacería por Botsuana


El refranero popular dice que es fácil hacer leña del árbol caído. Sí, es muy fácil. Pero sobre todo si ese árbol hace todo lo posible por caer, dando motivos para que podemos hacer leña, mucha leña.
La monarquía española es en este momento un árbol que se tambalea debido a sus propios errores. A su falta de respeto, a su estupidez, a su abuso. Hace mucho tiempo que la Casa Real española no da una razón para que no critiquemos. Su propia naturaleza provoca en muchos gran rechazo. Pero en los últimos tiempos los escándalos son tan continuados y habituales que incluso para los monárquicos es difícil justificar.

Decía el Rey en el discurso de la pasada Nochebuena que “Necesitamos rigor, seriedad y ejemplaridad en todos los sentidos. Todos, sobre todo las personas con responsabilidades públicas, tenemos el deber de observar un comportamiento adecuado, un comportamiento ejemplar.” Todos lo interpretamos como una clara referencia al escándalo Undargarín, en el que también está implicada su hija, la Infanta Cristina.  Pero después de que ayer tuviera que ser operado de urgencia por una caída cuando estaba cazando elefantes en Botsuana, estas palabras no hacen más que estallarle en la cara.
Cazando elefantes en Botsuana a pesar de que estos animales se encuentran protegidos en casi todos los países del mundo por estar en peligro de extinción y a pesar de ser presidente de honor de la organización medioambiental Adena-WWF. Cazando elefantes en una actividad que, a pesar de estar regulada, no deja de ser reprobable a nivel ético. Cazando elefantes en un safari con un coste de hasta 20 mil euros, más la estancia y el viaje (evidentemente para el monarca no es en albergue y con low cost), a pesar de asegurar hace menos de un año que “Todos nos tenemos que apretar un poco el cinturón ante la difícil situación económica”.
Sinceramente, parece una broma de mal gusto.