Mañana se cumplirá una semana que llegué a Lefkada. Siete días en los que he intentado conocer el ambiente y su rutina.
Se trata de una ciudad pequeña, cuya economía está basada principalmente en el turismo. Y no es de extrañar porque la costa jónica de Grecia tiene unas playas de gran belleza. De hecho, paseando este fin de semana, he descubierto un lugar que posiblemente se convierta en mi favorito en estos meses.
Como es normal, el clima también favorece su condición turística. En verano, las temperaturas se mantienen en unos 35 grados y, según me han comentado, en Lefkada no hay un solo día de lluvia desde Junio hasta octubre. Aunque en siete días que llevo aquí ya ha llovido 5. Por otro lado, como en toda zona costera, el viento y la humedad son una constante todo el año.
Las casas son típicas de las zonas marítimas. Pequeñas construcciones que no sobrepasan las tres alturas y de aspecto algo descuidado en ocasiones.
Por su parte, el tráfico en toda Grecia es un caos y, por supuesto Lefkada no es una excepción. Cada conductor hace lo que quiere cuando quiere, por lo que ser peatón puede resultar peligroso. Esta es una de las primeras cosas de las que me di cuenta al llegar y es una conversación habitual en el país. De hecho, la radio en la que voy a colaborar dedicó una de sus emisiones a este tema.
Estas son mis primeras impresiones. La próxima actualización será la próxima semana en la que contaré lo más destacado de la “formación a la llegada” que comenzaré mañana en Atenas. Durante toda la semana estaré con los recién llegados voluntarios europeos que desarrollarán su proyecto en Grecia.